Informe sobre Afganistán: Tenemos libertad de palabra, pero ni seguridad ni responsabilidad
16 Mar, 2009Afganistán. Siete años de gobierno de Hamid Karzai: ¿qué beneficios para la libertad de prensa ?
El reinado de los talibanes en Afganistán, entre 1996 y 2001, fue un período negro en la historia del país.. Todas las libertades, salvo la de rezar, estuvieron confiscadas durante cinco años. El gobierno afgano y la comunidad internacional presentan hoy la libertad de prensa como uno de los logros del período pos-talibán. Efectivamente, la aparición de cientos de medios de comunicación, y entre ellos radios y televisiones privadas, ha modificado profundamente la forma en que están informados los afganos. Pero los periodistas siguen sin difrutar, siete años después de la caída de los talibanes, de la seguridad necesaria para hacer su trabajo. La prensa tiene que hacer frente a nuevas amenazas -mafias de la droga y secuestros, politización del crimen de « blasfemia », etc- que el gobierno de Hamid Karzai no ha conseguido encauzar. A pesar de que deseaba tanto hacerlo.
Reporteros sin Fronteras efectuó una investigación en Afganistán, en enero de 2009. Los representantes de la organización se entrevistaron con los ministros de Justicia y Cultura e Información, el director de comunicación del Jefe del Estado, un miembro del Consejo de los Ulemas, representantes de la sociedad civil, corresponsales de la prensa extranjera, oficiales de la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF) y diplomáticos, así como con numerosos periodistas y asociaciones profesionales de Kabul, Kandahar, Mazar-i-Charif y Herat.
La crisis de seguridad, política y económica que afecta a Afganistán tiene repercusiones graves en el trabajo de los periodistas. Todos los ciudadanos corren peligro, y entre ellos los profesionales de la información. El estado es incapaz de garantizar la seguridad más elemental de los periodistas. Así, entre junio de 2007 y enero de 2009, Reporteros sin Fronteras contabilizó no menos de 24 agresiones, 35 amenazas de muerte, 14 detenciones y 7 secuestros. Otras decenas de periodistas, fundamentalmente mujeres y corresponsales de provincias, se vieron obligados a dimitir por presiones externas. Por su parte, la organización afgana NAI documentó, en el año 2008, 50 violaciones graves de la libertad de prensa, 28 de las cuales fueron cometidas por las autoridades y 6 por los talibanes. Mir Abdul Wahed Hashimi, responsable de NAI, analiza los resultados de sus investigaciones : « La mayoría de los ataques a periodistas se produjeron en Kabul, porque cada vez hay menos periodistas independientes en el Sur ».
La libertad de prensa ¿es una prioridad del gobierno ?
Reporteros sin Fronteras apela al presidente Hamid Karzai, y a la comunidad internacional, a hacer de la defensa de la libertad de prensa una de sus prioridades.
Afganistán cuenta con cerca de 300 periódicos, de los que 14 son diarios, al menos 15 canales de televisión y cientos de radios privadas, así como siete agencias de prensa. Nunca hubo tal florecimiento de medios y periodistas en el país. El pluralismo es una realidad incontestable que se debe a la política del presidente Hamid Karzai, y de la comunidad internacional. Pero, al mismo tiempo, no ha dejado de aumentar la violencia contra la prensa. Y, en ese terreno, son más que débiles las pruebas del compromiso de las autoridades para terminar con ella.
Farida Nekzad, de la agencia independiente Pajhwok, resume de esta forma la inseguridad que padecen los periodistas : « Nuestra primera preocupación es la hostilidad de la oposición armada, y más en concreto la de algunos grupos de talibanes. Después, el peso de la religión y de la tradición amenazan el derecho de las mujeres a ser periodistas. En cuanto a los señores de la guerra, son una amenaza para todos los periodistas que, de una u otra manera, se oponen a su poder. Finalmente, las fuerzas internacionales impiden el acceso al terreno o a las informaciones, sobre todo cuando se producen « atropellos ».
La mayoría de los periodistas afganos preguntados aplauden los avances conseguidos desde 2001. « Es evidente que se ha hecho mucho. La libertad de expresión es una realidad diaria, pero tenemos que enfrentarnos a problemas recurrentes : falta de protección de los periodistas en provincias, dificultades en el acceso a la información, sobre todo de parte del gobierno, y mala voluntad de las autoridades para hacer respetar la Constitución y las leyes que, a pesar de todo, nos protegen », afirma el Dr Ayubi, director adjunto del canal Bakhtar TV.
¿Como pueden pretender el gobierno y la comunidad internacional luchar contra la corrupción que gangrena al Estado sin una prensa libre, capaz de exponer los reveses del mal gobierno ? ¿Como pueden combatir el tráfico de droga cuando es imposible investigar en el Sur, región ampliamente controlada por los talibanes ? ¿Como luchar contra el obscurantismo de los talibanes si el gobierno no es capaz de defender la libertad de palabra ? ¿Como facilitar el desarrollo económico si hay regiones enteras privadas de información sobre las nuevas oportunidades que se ofrecen ? ¿Como, finalmente, conocer y denunciar las exacciones cometidas por los talibanes y los señores de la guerra si los periodistas no están seguros en una gran parte del país ?
Para los afganos, y sobre todo los jóvenes que representan la mayoría de la población y que acogieron con entusiasmo la llegada de medios privados, la libertad de prensa no es un lujo sino una necesidad. Los medios afganos les resultan indispensables para juzgar quien deberá gobernar mañana el país, teniendo en cuanta que la elección presidencial va a tener lugar el próximo agosto.
La mayoría de los observadores preguntados estiman que el espacio para hablar de la religión no ha aumentando nada. Algunos lo lamentan. « Intelectuales como Mohahqeq Nasab han intentado abrir el debate, pero enseguida se lo han impedido los conservadores, y la justicia », explica Shahir Ahmad Zahine, uno de los fundadores del grupo Killid. Otros piden paciencia. « Nuestra sociedad evolucionará muy lentamente en este aspecto. No son los periodistas quienes deben forzar el debate », precisa Fahim Dashty, del Kabul Weekly.
Por su parte, Fazel Ahamad Manawi, portavoz del Consejo de los Ulemas, es categórico : « El Consejo de los Ulemas de Afganistán respeta la libertad de expresión y la considera un logro importante. Pero la libertad de expresión no quiere decir insultar las cosas sagradas y los sentimientos religiosos del pueblo. Cuando se produce un ataque a la Charia y al islam, el Consejo de los Ulemas tiene el deber de adoptar posiciones ».
En ese contexto, Reporteros sin fronteras considera que es urgente que el gobierno promulgue la nueva ley de prensa, actualmente en debate, luche contra la impunidad de los asesinos de periodistas y adopte las medidas necesarias para que cesen las amenazas y los ataques. El portavoz de la presidencia, Humayun Hamidzada, aseguró a Reporteros sin Fronteras que la « libertad de prensa es una de las prioridades del gobierno », aunque precisó que « de la libertad de expresión abusa demasiada gente, sobre todo para calumniar sin pruebas ». Si no pone interés en defender la libertad de palabra, el gobierno podría perder la confianza de los periodistas afganos y el apoyo de la opinión pública internacional, complicando así la tarea de los Estados, y de la Unión Europea, que apoyan económica, militar y políticamente a Afganistán.
« 2009 es el año de todos los peligros para la prensa afgana. La situación de seguridad y las tensiones pre y pos electorales nos obligan a la mayor vigilancia », asegura una responsable de la misión de asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA). « Para garantizar su reelección, el gobierno se va a ver obligado a poner trabas a la circulación de la información, porque la situación del país es lamentable. Corremos el peligro de tener muchas malas sorpresas porque el apoyo internacional a los medios de comunicación es menos fuerte que antes », dice preocupado Barry Balam, director de la red de radio Good Morning Afganistan. « Somos libres, pero sin protección ni responsabilidades », resume.
Los talibanes, predadores de la libertad de prensa
La oposición armada -y más concretamente los talibanes- tiene la mayor parte de responsabilidad en ese clima de inseguridad. Amenazas y acoso por teléfono, acusaciones de espionaje y secuestros de periodistas han generado un sentimiento de temor entre la profesión. El recuerdo del asesinato del periodista Ajmal Naqshbandi, obra de talibanes seguidores del molá Dadullah, pero también el del régimen de censura absoluta que imperó en la época del Emirato islámido dirigido por el molá Omar, no incitan a pensar que los yihadistas afganos se han reconciliado con la libertad de palabra. Siguen siendo peligrosos predadores de la libertad de prensa.
Amenazas, secuestros, asesinatos : una evidente degradación de las condiciones de seguridad
En 2008 mataron a dos profesionales de la prensa ; a otro medio centenar les hirieron o agredieron. Cada vez están más diversificadas las amenazas que reciben los periodistas afganos y extranjeros presentes en el país. A los talibanes, que nunca han dejado de amenazar de muerte a los periodistas que no se pliegan a sus demandas, se han sumado criminales y grupos mafiosos. El gran aumento de este doble fenómeno ha contribuido a agravar las condiciones de seguridad de todos los afganos. En 2008 mataron a cerca de 2.000 civiles afganos, a la mitad de ellos los talibanes y a cerca de 400 las fuerzas armadas afganas, o internacionales.
Desde 2008, en Afganistán han secuestrado al menos a seis periodistas extranjeros. Ante la situación, las Embajadas piden mayor precaución : « Afganistán no puede ser el terreno donde los periodistas jóvenes intenten hacerse un nombre. Tiene que ser país reservado para los reporteros con experiencia. Ahora es obligatorio seguir unas consignas de seguridad muy precisas, y sobre todo que exista un contacto frecuente entre el periodista y el medio para el que trabaja », estima el embajador de Francia, Jean d’Amécourt.
Aumento de las detenciones de periodistas
El aumento de las detenciones de periodistas, por parte de la policía, la National Directorate of Security (NDS, servicios secretos) o los talibanes, agrava aun más ese sentimiento de inseguridad. Así, en octubre de 2008, Mirhaidar Motahar, director del periódico Arman Meli, estuvo detenido por la policía durante una decena de horas en Kabul. Había publicado un artículo extremadamente virulento, titulado « El golpe de estado de Karzai », en el que denunciaba el « dominio de los patchun sobre el gobierno ».
También el ejército norteamericano es responsable de la detención reciente del periodista Jawed Ahmad, colaborador del canal canadiense CTV, quien pasó once meses en la cárcel de la base de Bagram. Puesto en libertad sin cargos en septiembre de 2008, Jawed Ahmad, al que sus colegas de Kandahar llamaban Jojo Yazemi, ofrecía su testimonio : « Naturalmente que me acusaban de ser periodista. Pero ¿como se puede trabajar de periodista en el Sur de Afganistán sin contactar con los talibanes ? Es algo normal y estaba en mi derecho. (…) Tras las torturas iniciales, intentaron desestabilizarme explicando, por ejemplo, que me había denunciado mi canal, el CTV ». Le han asesinado en Kandahar el pasado 10 de marzo.
EN RELACIÓN CON LA INSEGURIDAD, REPORTEROS SIN FRONTERAS RECOMIENDA :
1. A los medios de comunicación, que aumenten los dispositivos de protección de los periodistas afganos, sobre todo en las provincias,
2. Al Ministerio del Interior, que cree una « Task Force » encargada de relanzar las investigaciones sobre los periodistas asesinados y las agresiones más graves ;
3. Investigaciones de cada cada caso de agresión o amenaza, y que se adopten las medidas necesarias para sancionar a sus autores ;
4. Al Ministerio de Justicia, que garantice el progreso de las investigaciones y que sean enviados a los ficales y jueces los dossiers completos ;
5. A la comunidad internacional, que financie programas destinados a mejorar la seguridad de los profesionales de los medios de comunicación
Los « agujeros negros » de la información en el Sur
El sur y el este del país son enormemente inestables y cada vez son menos los periodistas que acuden a las regiones que escapan al control de las autoridades, convertidas en « agujeros negros » de la información. « Es una tragedia. Ya no podemos decir con certeza lo que ocurre en las zonas de influencia talibán. A causa de la guerra hemos perdido el 50% de nuestra libertad. Antes podíamos viajar por todo el país. Ahora tenemos que limitarnos a las ciudades », lamenta Amin Mudaqiq, director de la oficina de Kabul de Radio Azadi.
« Ya nunca vamos en un coche normal a las regiones en que sabemos que hay talibanes. Los que acuden al terreno son nuestros « stringers », pero ellos mismos se imponen limitaciones », explica un corresponsal afgano de una agencia internacional de prensa.
En las zonas donde son más activos, los talibanes llevan a cabo detenciones de periodistas cada vez con mayor frecuencia, y no les dejan en libertad hasta que no verifican su identidad y profesión. Así, en noviembre de 2008, Dawa Khan Menapal, de Radio Azadi, y Aziz Popal, del canal local Hewad TV, salieron en libertad tres días después de que les capturaran los talibanes en la provincia de Ghazni. La decisión de dejarles en libertad la tomó el Alto Consejo de los Talibanes, una vez que se aseguró de que realmente eran periodistas. « Todavía tiemblo cuando cuento esta historia. No nos pegaron, pero mentalmente no he conseguido reponerme todavía», explicó Aziz Popal al diario canadiense Globe and Mail. Dawa Khan Menapal precisó : « Durante nuestro cautiverio, los comandantes locales me dijeron que sus jefes querían que entendiéramos que es necesario permanecer independientes. (…) También descubrí que eran fieles oyentes de Radio Azadi ».
En el Sur, el asesinato de Abdul Samad Rohani, corresponsal de la BBC World Service y de la agencia Pajhwok, ocurrido el 8 de junio de 2008 en Lashkar Gah, en la provincia de Helmand, provocó un escalofrío en todos los periodistas de la región. Le torturaron antes de acribillarle a balazos. Aunque inmediatamente el Ministro del Interior hizo recaer la responsabilidad del crimen sobre los talibanes, las informaciones conseguidas por Reporteros sin Fronteras acreditan más bien la implicación de la mafia de la droga, e incluso de algunos oficiales corruptos.
« Los periodistas de Helmand han vuelto al trabajo, pero ese asesinato ha creado un precedente muy peligroso. Es urgente que se conozca la verdad y que se sepa quien mató a Abdul Samad Rohani », explicó el director de la agencia Pajhwok.
EN RELACION CON LAS PROVINCIAS MÁS PELIGROSAS, REPORTEROS SIN FRONTERAS RECOMIENDA :
1. A los líderes talibanes, que cesen los secuestros, las amenazas y los ataques a periodistas.
2. A las autoridades, que presten mayor atención a la suerte de los reporteros en provincias, sobre todo en el Sur y el Este.
3. A las fuerzas internacionales, que permitan que la prensa pueda acceder más fácilmente a las zonas disputadas a los talibanes.
4. A las organizaciones de periodistas afganos, e internacionales, que encuentren soluciones capaces de proteger a los periodistas amenazados, evitando el exilio, entre otras cosas mediante la creación de « safe houses » en el norte del país, o en el Sur de Asia.
Decenas de mujeres periodistas reducidas al silencio
Resulta inaceptable la impunidad que se mantiene en muchos casos
que conciernen a periodistas afganos. La incapacidad de la policía , y de la justicia, para detener a los asesinos de Zakia Zaki, directorra de la Radio de la Paz, sirve de estímulo para nuevas violencias contra mujeres periodistas. Desde el asesinato de Zakia Zaki, que tuvo lugar el 6 de junio de 2007, decenas de periodistas afganas han sido agredidas, amenazadas o reducidas al silencio.
EN RELACION CON LA VIOLENCIA QUE AFECTA A LAS MUJERES PERIODISTAS, REPORTEROS SIN FRONTERAS RECOMIENDA :
1. Al Ministerio del Interior, que adopte las medidas necesarias para proteger a las periodistas amenazadas ;
2. Al Ministerio de Información, que haga una campaña, con los responsables políticos nacionales y provinciales, para sensibilizarles acerca de la suerte de las mujeres periodistas.
3. A las autoridades religiosas, que defiendan el derecho de las mujeres periodistas a trabajar lo mismo que los hombres, incluso en la televisión.
Libertad de expresión, salvo en los asuntos religiosos
Los periodistas afganos tienen libertad para expresarse, siempre que no critiquen el único tema verdaderamente tabú del país : el islam. Por voluntad de los mujahidines, Afganistán se convirtió en 2002 en una República islámica. La Constitución prevalece, pero se puede aplicar la Charia. Sobre todo porque el legislador estableció, en los artículos 130 y 131 de la ley fundamental, que cualquier crimen que no aparezca definido en los textos legislativos o el código penal puede castigarse mediante la ley islámica.
Es cierto que Afganistán es un país del Islam, chiíta y sunnita, donde la religión está muy arraigada entre la mayoría de la población. Pero, en los últimos años, intelectuales, periodistas, bloggers y simples ciudadanos, han intentado abrir nuevos espacios de expresión sobre ese tema tabú. No les ha ido muy bien. A una decena les han detenido, denunciado ante la justicia, encarcelado y con frecuencia obligado a marcharse del país. Aunque esas voces críticas no están tan aisladas en la sociedad como querrían las autoridades. Así, en 2008, cientos de periodistas y escritores se manifestaron en quince provincias del país pidiendo la libertad de Perwiz Kambakhsh.
Este estudiante de periodismo cumple, desde el 27 de octubre de 2007, una condena de veinte años de cárcel en Kabul, por descargarse un texto sobre el lugar de las mujeres en el Islam. Fue condenado por un tribunal de apelación cuyo juez, Abdul Salam Quazizadeh, es un molá.
Sin embargo, el joven, con quien se entrevistó la delegación de Reporteros sin Fronteras en el centro de detención provisional de la capital, no cesa de proclamar su inocencia : « Desde el principio he dicho que soy inocente. Según la ley y la Constitución no he cometido ningún delito. Los dos tribunales no han conseguido probar mi culpabilidad, y me han condenado solo por las presiones de algunas personas, y no de acuerdo con la ley. (…) Mi hermano puede visitarme fácilmente en Kabul, y las condiciones de detención son mejores que en la cárcel de Pul-e-Charkhi, donde estuve internado. Allí pasé un período muy difícil. Aquí, estamos ocho detenidos en una celda. Tenemos televisión en la habitación y los responsables de la cárcel son bastante atentos », dijo Perwiz Kambakhsh a la delegación de Reporteros sin Fronteras, que no consiguió autorización para verle a solas.
Emocionado por el amplio apoyo internacional que ha tenido, el estudiante de periodismo pidió a todos los que han demandado que se le castigue que « examinen realmente mi caso y busquen la verdad ». Aunque las autoridades preguntadas por Reporteros sin Fronteras aseguran que el caso no tiene que ver con la libertad de prensa, no es menos cierto que se produjeron graves irregulariddades en los procedimientos de primera instacia y apelación. Para empezar, a Perwiz Kambakhsh le torturaron unos policías para hacerle confesar su culpabilidad, como demostró un informe médico forense. « El 22 de enero de 2008 me llevaron al tribunal de Mazar-i-Charif a media tarde. No era un tribunal, sino más bien una corte marcial. Pedí permiso al fiscal para poder defenderme, pero me lo negó. De hecho, me llevaron allí solo para anunciarme que estaba condenado a muerte », cuenta el detenido.
Al presidente Hamid Karzai le han hablado del caso de Perwiz Kambakhsh varios gobiernos extranjeros. « El joven va a salir en libertad. No se preocupe », le dijo a un jefe de gobierno europeo, que visitó Kabul a finales de 2008. Sin embargo, dignatarios religiosos y líderes islamistas continúan ejerciendo presiones para que al joven se le castigue gravemente por « blasfemo y difusión de manifestaciones difamatorias del Islam ».
EN RELACION CON LAS VIOLACIONES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMETIDAS EN NOMBRE DEL RESPETO A LA RELIGIÓN, REPORTEROS SIN FRONTERAS RECOMIENDA :
1. A las autoridades, que pongan en libertad a Perwiz Kambakhsh, que no ha cometido ningún crimen.
2. Al Tribunal Supremo, que examine con la mayor benevolencia el caso del antiguo periodista Ahmed Ghous Zalmai.
3. Al Tribunal Supremo, que condene la aplicación del artículo 130 de la Constitución en casos de delitos de opinión.
4. A los políticos y religiosos, que dejen de politizar el delito de « blasfemia »
5. A la comunidad internacional, que apoye los esfuerzos de las organizaciones que promueven la libertad de expresión, incluso sobre la cuestión religiosa.
Entre manipulación y mentira, un difícil acceso a la información
« Las fuerzas extranjeras no facilitan información creíble sobre las operaciones militares, y sobre todo acerca del número de víctimas civiles afganas. Es una forma de manipulación de la información sobre un tema muy sensible », denuncia un responsable de la agencia Pajhwok. El capitán Mark Windsor, portavoz de la ISAF, explicó a Reporteros sin Fronteras que sus servicios facilitan información « verificada y auténtica ». « No somos como los talibanes que envían informaciones completamente falaces. Claro que se necesita más tiempo, pero nuestras informaciones reflejan la realidad de nuestras operaciones », precisa el oficial. El portavoz de la Embajada de Estados Unidos en Kabul barre con un movimiento de mano la « propaganda de los talibanes ». « ¿Como puede un periodista situar en el mismo plano las mentiras envíadas por los talibanes y las informaciones de las fuerzas de la coalición ? No tienen nada que ver », según Mark Stroh. En capitán Windsor apuntala : « Nuestro interés y deber es dar información auténtica. Es lamentable que algunos medios de comunicación afganos nos imaginen capaces, por ejemplo, de ocultar el nombre de los soldados muertos en combate ».
Como pudo constatar Reporteros sin Fronteras, en el caso de un acontecimiento importante relacionado con el conflicto en curso, al menos existen cinco versiones distintas de los hechos : la de los talibanes, la del Ministerio de Defensa, la de Presidencia, la del ISAF y la de los pocos testigos directos que aceptan hablar con la prensa. Y, con frecuencia, la primera que llega a la prensa es la versión de los talibanes.
Por ejemplo, durante una entrevista efectuada por Reporteros sin Fronteras en Kabul, un periodista afgano recibió el siguiente SMS, firmado con las iniciales del jefe de los talibanes en el sur del país : « Ebrat, resultado del castigo. Tres vehículos destruídos. QYA ». « No puedo usarlo tal cual. Tengo que confirmar con las autoridades, o con las fuerzas internacionales, este incidente. Si es cierto, citaré a los talibanes al final de la noticia. Pero si no lo uso, a los talibanes no les va a gustar. Y me encuentro en peligro », explicó ese corresponsal de una radio internacional. Las presiones de las diferentes partes son especialmente fuertes sobre los periodistas de radios y agencias de prensa, porque el 88% de los hogares afganos tiene un receptor de radio, según Naciones Unidas, mientras que solo el 1% lee regularmente un periódico.
Para responder a las expectativas de la prensa, en septiembre de 2008 el ISAF creó « media action team ». Se trata de un grupo de periodistas seleccionados a los que los militares llevan al lugar en que se ha producido un incidente. « Intentamos llevarlo a la práctica una vez. Pero, como por razones de seguridad no podíamos garantizar que llevaríamos a los periodistas al lugar exacto del incidente, se negaron a ir », explica el capitán Windsor. « ¿Qué objetivo tiene tomar parte en el grupo si se encuentra a 20 kilómetros del pueblo concernido ? Eso no permite confirmar nada de manera independiente, y solo serviría para añadir más confusión a las relaciones entre la prensa y los militares », replica un corresponsal extranjero.
Por otra parte, varios fotoreporteros y camarógrafos se quejan del nerviosismo de los soldados de la coalición, y de los agentes de la guardia presidencial. « Nos empujan y borran los clichés cuando no están de acuerdo », dice un corresponsal de la AFP. En Herat, a un stringer de la agencia francesa los soldados norteamericanos le borraron los clichés, cuando cubría un ataque suicida. La prensa se queja también de no tener acceso al centro de detención que gestionan los norteamericanos en la base de Bagram.
EN RELACION CON EL ACCESO A LA INFORMACIÓN, REPORTEROS SIN FRONTERAS RECOMIENDA :
1. Al gobierno, que contemple la redacción de una ley facilitando el acceso a la información, y que se aplique también a las fuerzas extranjeras presentes en el país.
2. A las fuerzas norteamericanas, que autoricen el acceso de los periodistas a la cárcel de Bagram, apodada el « Guantánamo afgano ».
3. Al ISAf, y a las fuerzas norteamericanas, que pongan en práctica el « media action team », incluyendo a los periodistas afganos, cada vez que la prensa mencione un incidente en el que esté implicados civiles.
CONCLUSIÓN
La situación de la libertad de prensa se degrada en Afganistán, y es responsabilidad del gobierno frenar esa preocupante evolución. El país no podrá seguir progresando hacia la democracia y desarrollarse sin una prensa libre e independiente. El presidente Hamid Karzai y su gobierno, pero también la comunidad internacional, deben asumir todo esto y adoptar medidas para permitir que los periodistas, afganos y extranjeros, puedan trabajar en mejores condiciones. Hay muchas cosas por hacer, pero el gobierno no podrá devolver la esperanza a los afganos, afectados de lleno por la guerra y la crisis económica, sin garantizar la libertad, y la seguridad a los medios de comunicación.
Ahora existen grupos de prensa independientes y rentables, entre ellos Killid o Moby Capital. Pero esas respetadas empresas peridísticas no están protegidas como debieran. A la directora del semanario Killid, Najiba Ayubi, le han amenazado de muerte varias veces. Y, en 2008, unos policías llevaron a cabo un registro muy duro en los locales de Tolo TV, en Kabul.
Los medios afganos son capaces de hacer su papel de « cuarto poder ». En 2008, por ejemplo, cuando se abatió sobre Kabul una oleada de secuestros, la prensa se movilizó para denunciar la falta de acción de las autoridades. El gobierno se vio obligado a reaccionar, destituyendo al Ministro del Interior, lo que mejoró sensiblemente la situación. Pero, una vez más, las investigaciones eran peligrosas porque los mafiosos encontraban cómplices dentro de la policía. « Veinte minutos después de llamar a un oficial de policía, para verificar la información sobre el secuestro de una persona cercana al rey, recibí amenazas en el móvil. ¡Así es como se nos protege ! », recuerda Fahim Dashty, del Kabul Weekly.
Para Reporteros sin Fronteras, el gobierno afgano debe tener muy en cuenta esta cuestión, y recordar con firmeza que no va a dejar que se instale la impunidad, en lo que respecta a la violencia cometida con periodistas. Muchos viven con miedo, y es responsabilidad de las autoridades adoptar medidas que les permitan trabajar serenamente. Es lamentable que, en los últimos meses, una decena de mujeres periodistas se hayan visto obligadas a abandonar su trabajo, a causa de las amenazas. Muy escasamente han tenido la protección necasaria.
Las autoridades deben ser más eficaces en las investigaciones relativas a los periodistas asesinados, o víctimas de amenazas. Deben efectuar investigaciones reales para identificar a los autores. Es inaceptable la impunidad que se mantiene en los asesinatos de Zakia Zaki y Abdul Samad Rohani.
Mientras que la mejora de la situación de la seguridad se ha convertido en la única prioridad de la administración norteamericana y sus aliados, los medios independientes están preocupados por la falta de apoyo de la comunidad internacional. El envío de miles de soldados suplementarios no bastará para resolver la crisis afgana. Las fuerzas internacionales deberían ante todo contrbuir a reforzar el proceso de democratización del país, lo que inevitablemente pasa por mantener una prensa libre.
« El gobierno utiliza la excusa de la seguridad para negar avances a los medios, y a los derechos humanos. Y las personalidades islamistas, como Abdul Rab-Rasoul Sayyaf o Haji Mohammed Mohaqeq, nunca fueron tan influyentes como ahora en el gobierno, y en el sistema judicial », se preocupa un diplomático escandinavo.
Reporteros sin Fronteras está muy preocupada por la politización de los asuntos relacionados con el Islam. El cierre de Payman, el encarcelamiento de Perwiz Kambakhsh o los repetidos ataques a los canales independientes de televisión, son más una manipulación poítica que una defensa de la religión del Estado.
El abogado Afzal Nuristani analiza así las repetidas ingerencias de los religiosos : « En Afganistán hemos empezado a experimentar la democracia y la gente empieza a créer en el poder del pueblo, sobre todo gracias a los medios. A algunos grupos no les gusta esto, porque basan su poder en la ignorancia de la gente. Cuando la juventud, los periodistas y los intelectuales creen nuevos espacios de democracia, eso debilitará a los poderosos ».
Más ampliamente, Reporteros sin Fronteras pide compromisos concretos del gobierno, en favor de la protección y promoción de los derechos humanos. Es lamentable que, siete años después de su creación, la Comisión de Derechos Humanos siga sin recibir fondos públicos, como recomiendan los « Principios de París », relativos a las comisiones de derechos humanos. Muy al contrario, ya que en 2007 en Presidente de la República se dedicó a atacar al presidente de la Comisión, después de que hiciera algunas declaraciones críticas sobre el funcionamiento del sistema judicial en el país.
Sería impensable que las autoridades de Kabul, sobre todo el presidente Hamid Karzai y su eventual sucesor, continúen pidiendo mayor apoyo a la comunidad internacional cuando, en el mismo momento, en el país, jueces, fiscales, responsables políticos, y jefes religiosos, atacan a periodistas y defensores de la libertad de expresión, con frecuencia recurriendo a la violencia.
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« Revivo lo que pasé en la época de los talibanes »
Desde hace más de cuatro meses, Nazifa Ehsass, periodista de los programas en patchum de VOA TV, no sale de su casa. « Estoy encerrada en casa, como en la época de los talibanes. Me gusta mucho mi trabajo de periodista, pero no tengo ganas de morir. He trazado una cruz sobre mis años de estudios y mi carrera », explicó a Reporteros sin Fronteras. A principios del mes de septiembre de 2008, Nazifa Ehsass, que presentaba regularmente reportajes en VOA TV y que trabajaba en la revista femenina Rooz, recibió una llamada en su teléfono móvil : « Te has quitado el chador y trabajas para los judios ». Tras preguntar quien estaba al aparato, le respondieron : « ¡Ya sabes quienes somos ! ». por la noche, la periodista recibió otra llamada amenazante. Al día siguiente, el mismo hombre se explicó. « Soy un taleb. Tu sabes quienes somos. No puedes escapar ». Nazifa Ehsass contacto con el 119, el servicio de urgencias de la policía. Pocos días después recibió un correo informándole que el número identificado pertencía a un comandante talibán huído, el molá Aktar Mohamad. « Ya sabe usted, los talibanes tienen la firme voluntad de amenazar a las mujeres periodistas, más que a los hombres », explica la periodista que lamenta que, desde que ella se marchó, ninguna otra mujer patchum ha vuelto a presentar noticias en VOA. Mientras que su marido, también periodista, escapó a un intento de secuestro, Nazifa Ehsass confió a Reporteros sin Fronteras que no consigue imaginar como podrían garantizarle la seguridad.
Enviado por Mercè Rivas Torres. Prensa. Reporteros Sin Fronteras. www.rsf-es.org
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